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Facebook y su nuevo «annus horribilis»

De Facebook ya se puede decir casi cualquier cosa. Su mayor logro ha sido, sin lugar a dudas, el hecho de haber acortado las distancias entre los ciudadanos. Pero conforme el monstruo se hacía cada vez más grandes los intereses alrededor y sus áreas de acción se han multiplicado. La filosofía cultivada por Mark Zuckerberg, su fundador y dueño, ha dejado de ser la panacea de la revolución. Nadie le cree ya. Las tensiones internas que ha tenido que capear en su segundo año oscuro han acabado con la paciencia de todos.

La multinacional norteamericana, que solo en su servicio principal acumula más de 2.240 millones de usuarios registrados, ha continuado a lo largo de 2018 sumando escándalos. El más relevante ha sido el de Cambridge Analytica. Una consultora hasta entonces casi desconocida pero que, ahora, se le atribuye el golpe de gracia a la plataforma. Durante varios años se hicieron de manera ilícita con millones de datos personales de usuarios para trazar perfiles ideológicos. Una base de datos con la que se intentó influir decisivamente en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. El punto clave de la llegada al poder de Donald Trump.

Aunque no existe una verdadera constatación que aquella información sensible lograra decantar la balanza en favor del magnate estadounidense, lo cierto es que tras desvelarse el escándalo se ha reforzado una corriente de defensa de los usuarios. Un momento crucial que, además, empujó a directivos y al propio Zuckerberg a pasearse por elCongreso Senado de Estados Unidos, el parlamento británico y el Parlamento Europeo. Aunque asumió los errores y prometió solucionar el problema, a lo largo de los meses se han mostrado ineficaces.

Una falacia más que le acompaña en esta segunda parte de la crisis de Facebook. Un escenario, además, que puede volverse aún más negro; el cambio generacional de los internautas. Es cierto que la red social sigue sumando adeptos y es, de lejos, la de mayor relevancia, pero los nuevos intereses de los consumidores y los hábitos de los jóvenes han provocado que su crecimiento se ralentice. En Europa, además, y coincidiendo con la entrada de vigor del Reglamento General de Protección de Datos ( RGPD), en mayo de este año, la plataforma ha perdido por primera vez usuarios en este territorio.

Los casos de la posible injerencia extranjera, principalmente de una campaña de desinformación vinculada a Rusia, y la problemática de los anuncios falsos han allanado aún más el camino a las críticas. El Reino Unido ha incautado material interno, que está manejándolo con delicadeza: y cada vez que se filtra algo peor suena. Tampoco ha salido airoso de otras crisis como la de los mensajes de odio en Myanmar o Sri Lanka, por los cuales se han vertido responsabilidades sobre los insultos a etnias locales.

Zuckerberg está cada vez más solo en el barco. Es un capitán solitario, dispuesto a convertirse en un pirata si hace falta. Pero ha aguantado el vendaval pese a las intentonas de directivos díscolos. Resiste sin apoyos. Su totalitarismo, sin embargo, ha dejado unas nuevas muescas en su pistola: varios pesos pesados abandonaron la compañía en este año, entre ellos, los fundadores de Instagram y los de WhatsApp, los dos servicios que más crecen de su arbolado de aplicaciones.

 

Fuente: https://www.abc.es/

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